Crítica2019-12-05T22:39:37+02:00

EDUARDO MENDOZA


Con todo, de los personajes humanos que integran esta galería de retratos, sólo dos parecen estar posando para un retrato. Uno es un hombre joven, con los brazos cruzados sobre un número que lo identifica como participante de un acontecimiento deportivo, probablemente una carrera popular.

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ANTONIO MUÑOZ MOLINA

MIGUEL MACAYA, BOXEADOR DE SOMBRAS

Solo en su estudio durante muchas horas al día Miguel Macaya pinta ensimismadamente a hombres solos que a veces parecen que salen de su propio ensimismamiento para mirar de soslayo, con una mirada de recelo o de miedo contenido, como si acabaran de descubrir que alguien los observa y procuran mantener la calma o eludir el peligro fingiendo que no han notado la presencia del intruso.

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ADOLFO GARCÍA ORTEGA

Hay un lugar desde donde sucede todo, en la pintura de Miguel Macaya. Un lugar hacia donde miramos todos y desde el que somos mirados. Un lugar donde los hombres posan, donde los perros posan, donde los hombres y los perros se entregan al hecho inmóvil de ser representados por esa escenificación de la memoria súbita que llamamos cuadro. Y eso es posar.

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ENRIQUE LYNCH

Existe, desde Goya, una pintura hecha de tinieblas. Mejor dicho, la pintura de la luz que remite a la noche, como hay – desde Francis Bacon- una forma pintada que se aplica a representar lo que no tiene forma. Seguir leyendo

MARIA DE LA PAU JANER

MIGUEL MACAYA O LOS RETRATOS DE LA DERROTA

Los cuadros de Miguel Macaya son una explosión de sombra y un juego de luces. La sombra se multiplica y se instala en los perfiles de los cuerpos, mientras resalta sus formas y acentúa sus volúmenes.

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MARIE-CLAIRE UBERQOI

MIGUEL MACAYA O EL MISTERIO DE LAS SOMBRAS

El mundo de Miguel Macaya no es lo que parece. Aunque sus obras están protagonizadas por temas clásicos y fácilmente identificables, sus pinturas van mucho más allá de las figuras que representa.

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PABLO LLORCA

Salta a la vista, y ha sido dicho en numerosas ocasiones, cuál es la filiación espiritual de los cuadros de Miguel Macaya. Los tenebristas barrocos, desde luego, pero también Rembrandt, del que uno se acuerda ante la imagen de un bovino de perfil.

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